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¿Cuál es la decisión correcta? Los pasos que aprendí para tomar decisiones

  • Foto del escritor: Diana Ruiz Almazán
    Diana Ruiz Almazán
  • 9 feb 2018
  • 4 Min. de lectura

A veces solo hace falta dar un paso, porque estamos al borde de la línea. Sin duda da miedo, pero lo que imaginamos no es la realidad. Las decisiones no son buenas ni malas, solo son decisiones; deja de preguntarte: ¿Cuál es la decisión correcta?, decidir es un acto de valentía, pero sin duda es un acto de amor.




Tomar decisiones no ha sido fácil en mi vida, incluso he dejado que los demás decidan por mí o que la vida misma lo haga, ¿Cómo se le llama eso?, ¿Cobardía? ¿Comodidad? ¿Complacencia?, no lo sé, tal vez una combinación de esto, pero me pregunto ¿Qué te ha llevado a no poder tomar decisiones?

La historia familiar que cada uno tiene te guía, te lleva, te estructura y pareciera que somos una pieza hecha de remiendos; la complacencia para los demás es bastante cómoda, tanto para el complaciente como para el complacido; comenzar a tomar decisiones no solo duele por el hecho de hacer lo que nunca haces, sino por el hecho de que el complacido despierta, se mueve, y pareciera que exige que sigas complaciendo... ¿Qué de malo hay querer tomar las propias decisiones? ¿Qué de malo hay querer hacer algo diferente? ¿Por qué duele tanto? ¿Será tu propia incomodidad o la de los demás la que duele y pesa?


Pareciera que el primer paso para poder tomar las decisiones es discriminar entre lo que es tuyo y lo que no, ¿En qué momento se carga uno de las cosas de los demás?

el segundo paso pareciera ser que es dejar ir, dejar ir las cosas, cosas que si bien es cierto amas, quieres, extrañarás, te tienen recuerdos, te alegraron el corazón, cosas o personas que fueron importantes o hasta la fecha lo son, dejar ir no significa dejar de amar, dejar ir significa el acto de amor quizá más difícil, más profundo y el acto de amor más grande que se pueda dar; dejar ir no solo porque te ata, no solo por el propio bienestar, sino por el del ser amado, el recuerdo, la cosa amada, el significado y el símbolo que representa, dejar ir no significa olvidar, no significa retroceder, no significa echar todo por la borda, no significa egoísmo, significa un impulso, un paso hacia delante, un continuar, moverte de tu comodidad.


Perdóname si con mis decisiones te hago daño, te revoluciono, te hago sentir que lo construido se viene a bajo, perdóname si te mueve de la raíz que habías hecho, perdóname si hago de tu estanque de agua algunas olas, perdóname por moverte, incluso perdóname por cambiarte el ángulo de tu perspectiva, perdóname si te he cambiado el camino, el rumbo o si el temblor redireccionó la brújula y acomodó las rocas de otro modo, incluso si el temblor desmoronó la montaña que habíamos escalado, pero quiero que sepas que una misma posición duele, que si he querido dejar de complacerte y complacerme a mí, también es un acto de amor hacía mi misma, porque también merezco ser complacida, también merezco hacer las cosas para mí, porque también merezco construir algo solido, porque mi montaña también se desmoronó, porque mi montaña, no puede estar construida con tu tierra, con tus piedras, sino con las mías, ni tu montaña merece ser construida con las mías...


Hacer consciente lo inconsciente, verbalizar lo no verbalizado y en ocasiones obvio, aceptar lo que se trata de ocultar bajo la mesa, duele, lastima, pero a diferencia de hacer lo contrario, no enferma, no ata, libera...

Si tú no quieres ser una persona libre, ni dejar volar al que está a tu lado o impulsarlo a que lo haga, incluso hacerle sentir tu miedo como suyo por el miedo de perderlo, no es justo, no es mío, es tuyo. Yo quiero volar, aunque me desgarre las alas en el intento, porque sí, me las cortaron, me las corté, no sé volar, no sé ser libre, no sé hacerlo, me da miedo, me atemoriza; pero creo que es tiempo de vivir para mí, de hacer que tú también distingas hasta donde soy yo y hasta donde eres tú; y entonces sí, construimos una relación sana...


Perdóname por no querer estar a tu lado en mi reconstrucción, pero no quiero hacerte daño, hacerme daño y que la reconstrucción sea doble, no quiero cargar con lo que tú quieres construir en mi o incluso volver a poner lo que había, remodelar no es solo cambiar de lugar las cosas o en otra posición, remodelar, reconstruir es usar la misma estructura pero con diferentes materiales, cosas, déjame volver a amueblarme, déjame ser yo; no cortes mis alas, si me caigo me levantaré, si me equivoco asumiré las consecuencias, si me descalabro sanará, no intentes salvar mi vida con la tuya, porque tampoco es justo que des tu vida por la mía, da tu vida por ti; también construye algo solido, que tus inseguridades no se hagan mías, que tus miedos no se multipliquen con los míos, que tu soledad no me haga sentir a mi sola; que tu propia falta de identificación que tu temor de estar contigo mismo no se haga para mí, ni todo lo mío hacía ti.


Que los finales no se vea como fin, sino como el propulsor de algo nuevo, de algo mejor, de llegar al cien por ciento como persona, porque nos lo merecemos, te lo mereces; sé que no es fácil conceptualizarlo, sé que no es fácil digerirlo, sé que no es fácil querer continuar en otro camino diferente; deja que sanen tus heridas; y entonces verás que lo que hoy nos duele, nos hiere y no entendemos, tendrá sentido.



Tomar decisiones, es un acto de valentía, es un acto de amor.

Psic. Shadany Alvarez


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